Narrativa.
Tuve por parte de mi querida madre muchos primos, pero de esa generación vamos quedando muy pocos. Y como ya se está acercando la hora de que yo también vaya a aumentar el número de los que yacen en una tumba fría, deseo dejar este testimonio antes de que sea demasiado tarde para ello.
Mis tíos, nacidos en su mayoría en la oficina salitrera llamada Santa Laura, a la cual llegó un día enganchado desde la capital mi abuelo Laureano, tuvieron en estas desoladas pampas sus sitios habituales de estudios y juegos.
La prole creció hasta el número diez (Leer más)





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